miércoles, 15 de diciembre de 2010

2010

Año que te vas,
te abro las puertas
tiendo puentes de plata,
vete y no vuelvas.

Hastío de espera
de lo que nunca llega
de lo que nunca acaba
crisis de millones
que ya nos toca los ...
lo que usté y yo sabemos
Me quitaste la fé
del año venidero
del que nada espero
salvo seguir en pie.
Pelearé, lucharé y jamás me rendiré
cual trescientos espartanos
que no estoy solo zetapé
ya esta bien de darnos por el
por donde nunca nos dio el sol, compadre
He conseguido mis objetivos,
y pienso seguir aumentándolos,
que el mundo y yo estamos a una,
mientras respiremos el mismo aire.
Adieu!
Dos mil diez
Espero no volverte a ver.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Blas, blas, blas

Si me pongo a hablar del perdedor de unas elecciones
automáticamente muchos se irán a las celebradas anoche.
Más mi rencor me guarda de las novedades
y aún me resiento
de las pasadas hace diez días
en nuestra querida Universidad de Almería.
(perdón por volver a mancillar el verso)

Estas elecciones universitarias me han servido para abrirme los ojos ante grandes verdades:

El aspirante de nombre Blas
(¡que te vás!)
(¡que ya se ha ido!)
perdió estrepitosamente
y no se explica tal cosa pues trató vilmente
de arrancar de cada día
un par de hermosas fechorías,
no contra su oponente,
pues eso valor sería,
sino contra la Junta Electoral
que de pedeí, pas y alumnos se componía.
Gente del montón
que salieron en un sorteo,
no para ganar un jamón
sino para currar cual lelos
mientras Blas les mandaba arpías,
dobermans y rebotes en formas de quejas
que hasta querellas presentó
contra sus propios compañeros.

No teniendo suficiente con el dolor de ver a oprimidos,
puse mi radio preferida
y me asaltó más sufrimiento
procedente del que me habla desde su micrófono verde:
entrevista al villano,
reconociéndole el valor
de dudar de la democracia,
y preguntándole sin ningún pudor
para que este hiciera su campaña.
Minutos de radio nefastos
que aún no sé cuando podré olvidar.

Más aún que no perdió Blas el aliento
y porfió pidiendo un notario
que diese fe del resultado de las urnas.
Pena que no pudiera ser,
que hay uno en mi pueblo
que muy bien hubiera escrito
"menuda ostia se metió
en las urnas el blasito"

Nuestro villano no salió a reconocer nada,
siquiera se le vió
por donde los trabajadores dieron pie con mil bolas
para sacar todo el trabajo que ya de por sí tienen unas elecciones
(cuéntense treinta horas en pie seguidas trabajando para terminar)
y además contestar a jueces
de las presuntas acciones criminales que se les imputaban.

Me inflé de ira espartana
y escribí a todos los periódicos una carta,
que creo que en ninguno salió publicada
(si bien la voz el mail respondió,
lo cual no es ni poco ni mucho, es todo lo que recibí).

Menos mal que aquí me descargo,
desinflo mis alas de ira,
y vuelvo poco a poco
a ser Paco Paila el parco.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Dejándolo otra vez

He dejado de fumar, creo que pasado mañana haré tres semanas, o quizás sólo haga dos pero se me esté haciendo largo.

No os preocupéis si pensáis que voy a soltar la perorata sobre el vicio y demás estáis equivocados, lo que me ha animado a escribir esta entrada es la medicación que estoy tomando para dejar de fumar. Puedo imaginarme a mi abuelo, cualquiera de los dos (que en la Gloria estén), pensando o hablando con él de dejar de fumar: le parecería absurda tan solo la idea pero pienso que si encima le contara que existen medicinas para dejar de fumar ya le parecería que estaba en una dimensión paralela.

Pues sí, hay varios tipos. La primera vez que lo dejé en serio (hubo una previa en la que sólo dije que lo dejaba pero lo que hacía era fumar a escondidas cual quinceañero que le roba un pito a su padre), fue con una medicación que me secaba la boca (como cuando estás de resaca) y me provocaba unos curiosos ruidos en el oído (era como el ruido que hacían las radios antiguas al cambiar de una emisora a otra, acúfenos me dijo el médico que se llamaban).

Con tan floridos efectos secundarios decidí esta vez probar otra medicación que me aseguraban (mi entorno personal al que considero de opinión más válida que la de un sanitario como cualquier hijo de vecino) no provocaba nada de ésto. Efectivamente fue empezar a tomarlas y dejar de fumar a la semana como recomiendan las indicaciones que me dió todo el mundo.

La farmacéutica me advirtió que tenía que hacer un tratamiento completo de 12 semanas o volvería a fumar al año o así. Le hice caso y compré la caja más grande con el fin de no estar pensando cada dos semanas en acoquinar más de cincuenta leuros por mis pastillas para no fumar.

Soñar soñamos todos, ya lo sé, y es frecuente que uno recuerde los sueños. No es que sueñe cosas increíbles, es que me creo a pies juntillas que no estoy soñando, no sé si me explico. Si por ejemplo sueño que Mercedes me abandona por otro, efectivamente me lo creo. Pensaréis que todos nos creemos los sueños cuando soñamos, pero, ¿os dura ese efecto una vez despiertos? ¿no quedan siempre los sueños en ese limbo mental que nos permite diferenciarlos perfectamente del mundo cotidiano?
La sensación de tener que reconstruir tu realidad cotidiana eliminando aquello que sólo has soñado pero que habías aceptado como que había ocurrido realmente es horrible.

Esta mañana he despegado la información del medicamento de la primera caja y la he leído.
No debería haberlo hecho. Nunca debería hacerse. Nadie pone en una caja de balas un prospecto que indique: "una vez introducido entre ceja y ceja el proyectil las posibilidades de supervivencia son escasas", pero la industria farmacéutica escribe cosas como "depresión" o "tendencia al suicidio" (eso sí recomendando que evitemos 'conductas suicidas' a renglón seguido.)

Así estoy. Lunes por la mañana y borrando recuerdos vívidos extraídos de mis sueños y que gracias a Dios son falsos. Mercedes me sigue dando la vida aunque no pueda sino perseguir y disfrutar de las pequeñas ocasiones que estamos juntos cuando el devenir de su familia la deja tranquila unas horas.

No pienso suicidarme, pero la idea de que dejar de fumar con medicación pueda producir esta tendencia (ya presente en el propio acto de fumar) me ha hecho reflexionar sobre la actitud con la que afrontamos la vida, y sobre todo, los excesos.
Parece que sólo hay dos bandos: los dispuestos a no privarse de nada porque: "sólo son dos días" y los que predican con un ejemplo digno de animales de forraje más que de personas pues se privan de cualquier cosa de las que sospechen el más mínimo poder adictivo.

Para no variar, no encajo en ninguno, si bien en distintos momentos de mi vida me he intentado rodear más de unos que de otros.
He creado mi propio bando: el de cuidarse disfrutando de la vida. No acepto la privación absoluta, pero tampoco la felonía de la gula.

Espero adeptos.

Un abrazo a todos.
Un beso para Mercedes.

martes, 26 de octubre de 2010

Historia de un tocayo

Olvidaos de las deudas, de los pocos ingresos, de las prisas, de todo.

Poneos en la piel de otro, al que le queda poco por una condenada enfermedad que ya le ha postrado en una silla para recordarle que a lo sumo en un par de años habrá abandonado esta vida. Ésa es la piel de mi tocayo.

La actitud de Paco es desconcertante.
No tiene prisa, pero no pierde el tiempo.
Quiere exprimir cada segundo que le queda junto a los suyos, pero es capaz de quedarse hablando contigo y mantener una distraída conversación.

Paco se ha dado cuenta que aunque lo intentase no podría hacer todo lo que no le ha dado tiempo hasta ahora. Quizás podría hacer algunas cosas estrafalarias como saltar en paracaídas o bajar un río en canoa, pero ha preferido otro camino. Es lo que le cuenta a quien quiere escucharle.

El deseo de Paco es que su corta andadura sea al menos dichosa. Para ello no necesita médicos que le ingresen alejándole de la familia para intentar resolver lo que no tiene remedio. Quiere que las futuras generaciones tengan un libro suyo, sabe que así su pensamiento quedará siempre con nosotros.

Sobre todo quiere una cosa: tratar sólo con gente buena. Dice que ya ha conocido suficientes maldades y que en el tiempo que le queda sólo tratará con aquellos que merezcan la pena.

Así que ojalá Paco si me lees, te cruces un día en mi camino y podamos charlar un rato porque además de haber conocido una persona sin parangón, me harás dos regalos: tu preciosísimo tiempo, y saber que soy de los buenos.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Edu Pequeño

He visto mundo este verano. En sólo una semana ha recorrido tres países que, lógicamente, apenas ha llegado a pisar durante unas horas para fotografiar varios monumentos celebérrimos.

Allí se encontró conmigo alguien y trabamos amistad rápidamente. Le pasaba lo que a mí, que el cimbreo del barco por la noche, lejos de relajarle, lo despertaba y le prometía una larga vigilia.

La primera noche que me lo encontré llevaba ya dos gin tonics y había perdido la cuenta de los cigarrillos que había fumado pero la boca me sabía ya a cenicero de puerta de hospital.
Él estaba sentado en otra mesa, igual de solo que yo, rodeados por la masa de gente borracha y risueña que entraba y salía de la discoteca pasando por el piano bar tan sólo a recargar (en la barra) o a descargar (en los baños y alguno intentó hacerlo por la cubierta).
Fue uno de estos borrachos que se creía Tony Manero y al dar una vuelta tropezó con un taburete que le hizo caer de bruces. No pude reprimir una pequeña risa y me di cuenta que aquel señor sentado en otra mesa también se estaba aguantando las ganas de partirse de risa ante la caída.
A la copa siguiente coincidimos en la barra y nos pusimos a conversar. Al principio fue una conversación de lo más intrascendental (que en el barco pueden llegar a durar horas pues cuestiones como la comida, las bailarinas del espectáculo o el cómico y sus chistes machistas pueden dar mucha correa, por no mencionar las consabidas preguntas de procedencia, trabajo y demás datos de esa ficha personal que toda persona que quiera dirigirse a otra va sonsacando para confiar en ella).

El caso es que se nos pasó el tiempo volando, Edu Pequeño (hay que llamarle así, todo junto, "edupequeño" si quieres que te responda).
Edu Pequeño se llama así porque hay otro que es Edu Grande. Habrá a quien le parezca raro, pero en un pueblo es de lo más normal, y la ciudad de Edu Pequeño no es más que un pueblo con pretensiones (es decir, una ciudad cualquiera de España, le pese a quien le pese).

No sé cómo llegamos a charlar sobre libros que habíamos leído y al hábito de la lectura, creo que fue una especie de discusión sobre los libros electrónicos frente a la internet de siempre y su acceso a los fondos electrónicos de libros.

Cuando nos dimos cuenta era ya bastante de madrugada y el camarero nos miraba atentamente, pues éramos los únicos que quedábamos en el piano bar, (que aunque nos fuéramos tendría que seguir abierto) pero imagino que aquel pobre hombre estaría loco por descansar de servir alcohol a mansalva.

Al día siguiente estaba loco de contento pues, pese a lo poco que había dormido, el haber encontrado alguien con el que hablar sin sentir que estoy torturando a los demás con mis palabras me había reconfortado más que el sueño. Estuve todo el día buscando a Edu Pequeño con la mirada: en el buffet en cubierta, más tarde en la excursión, de nuevo en el barco en la piscina, en el comedor, en la cena, en el espectáculo. Nada. Me quedé con las ganas de volver a saludarle y de presentarle a mi familia (y conocer a la suya).

Tras la escapadita de la noche anterior decidí ser bueno aquella noche y las demás noches no pude o no quise escaparme, en parte porque obviamente mi familia es lo más importante, pero por otra parte por temor a ir a buscar al mismo sitio a Edu Pequeño y no encontrarlo.

Lo malo de estar divirtiéndose es lo rápido que pasa el tiempo.

Ya he vuelto a casa y no he vuelto a ver a este gran hombre (pese a su diminuto "apellido"). Así que aquí dejo estas líneas, colgadas donde todos pueden verlas pero nadie se pone a mirarlas, para ver si vuelvo a encontrarme con mi viejo amigo de una noche para demostrarle un rasgo amable de la electrónica que envuelve estas palabras.

sábado, 14 de agosto de 2010

Vacaciones estivales

Primera mañana de vacaciones y me pego a la pantalla. No he conseguido desconectar aún.
Tenía que sacar a la luz varios borradores que no terminé de colgar porque faltaba releerlos.

Con ellos os demuestro que seguí escribiendo y que ahora no lo voy a hacer más, al menos en quince días.

Feliz descanso

lunes, 12 de julio de 2010

Enterrado en banderas

Fiebre de España.
Gana la Selección Nacional de Fútbol y ganamos todos.
Somos campeones.

Eres campeón.

Trasfondo de tan bella hazaña deportiva
surge nuestra bandera bella y poderosa.

Con lo que a ti te puede gustar una bandera de España

Un símbolo limpio y constitucional
que por fin nos atrevemos a enarbolar
sin que facistoides nacionalistas
y mamelucos sin sesera nos insulten.

España es bella como su bandera.
Enorme bandera que usamos para tapar
una crisis que nos ahoga como el querer
(más que ayer pero menos que mañana).

Nación de naciones que como diga de dividirse
en cuantas autonomías posee
más parecerá aquel antiguo Reino de Taifas
que lo que nuestra bandera quiere representar.


Odio como el que más que me hablen de politica
con la que está cayendo,
que me cuenten de lo mal que va la crisis
cuando tengo que seguir levantando la persiana de mi negocio
sea para ganar una perra, sea para un millón
(que va a ser no).

Al menos el resto de este año me quedará mi bandera,
ondeando al fin hermosa cual ha sido siempre,
no la quiten de balconadas o improvisados estandartes,
vean que no tiene nada malo,
si no se lo añadimos nosotros.
Orgulloso de ser español,
de tener un país mejorable seguro,
pero no el más malo del mundo,
incluso en algunos aspectos
como el fútbol,
el mejor de todos.
¡Viva España!