Veo a los que llegan, envueltos en mantas, encogidos, descarnados. De su casa de la media luna al refugio rojo de la cruz. Seres ilegales, repudiados de uno y otro lado del Mediterráneo. Cuando llegué yo no era más que ellos. Había más trabajo pero menos dignidad. Sólo puedo quedarme quieto mirándolos. Se sienten desdichados. ¡Pobres!. No saben que ahora podrían estar conmigo. Otros se creen afortunados. ¡Qué lástima! Ya despertaran de la quimera.
Te conocí como lugar de vida, de encuentro, de esperanza. Por eso decidí quedarme contigo para siempre.
Acudí a tu puerta por vez enésima sin pesarme las que llevo a mis espaldas. Tu grandeza siempre me asola. Tu olor me penetra. Hueles a mar, pescado, café cortado con brandy antes de que despunte el día y miles de cigarros consumidos en la espera.
Nadie dormiría si lo hiciera frente al muelle. Si viera como yo al barco entrar, al niño que gimotea, la grúa trabajando, todo al mismo tiempo. La actividad que fluye dentro de ti también me pertenece ahora, no descansaré nunca.
Fuiste la puerta de mi vida y te elegí como tumba para que mojes mis cenizas. A partir de ahora seré mar, seré quilla, seré timón, vela, dolor, amor y llanto que yacen aquí conmigo, pues ya sólo soy humus en tu fondo.
Un niño arroja piedras y un padre se apresura a regañarle. Mis recuerdos se reflejan en el agua sin que pueda hacer nada por evitarlo.
miércoles, 6 de mayo de 2009
lunes, 20 de abril de 2009
Melancolía estacional
Ahora que tiene que llegar el buen tiempo
me siento en mi silla de anea
a tomar el fresco cuando se quiere poner el sol
y veo pasar a la gente...
Un chiquillo pasa cabizbajo.
Pueblan su cara los granos
que campan por allí
amargando sinsabores
de las nocturnas poluciones.
Alarga el día y éso le entristece,
pues a estudiar nunca ayudó ver el sol ponerse
sino la noche cerrada,
al menos en su caso,
que es capaz de contemplar durante horas el astro
hasta el cerro de San Cristóbal,
ocultándose tras el Sagrado Corazón
y aún se queda un rato sientiendo el calor
en la madera de su mesa de estudio.
Su mayor pesar al llegar la prima-vera
era que a la suya no había nadie.
Nunca hasta hoy se había fijado
y le duele primorosamente
ver aquellas parejitas de la mano,
besos vedados en los portales
de los que la vista aparta rápido.
Hoy me ha asaltado el chiquillo,
y a falta de mi compadre,
me ha contado mochila al hombro
(y sin querer sentarse)
de esa melancolía que empieza con el buen tiempo,
y brota sin poder evitarlo una sonrisa en el borde de mi labio,
¿cómo puede estar melancólico un chaval de trece años?
pues lo estaba señores,
y mucho señoras,
y por culpa de las faldas,
o de haber reparado en su ausencia.
¿Qué puedo decirte, niño?
Que tus penas te las quiten los juegos,
y esa risa sincera parida desde el alma
que tienes con tus amigos,
que hoy sientes como parte de tus entrañas.
No pierdas tiempo viendo lo que otros tienen
sino el oro que yace entre tus dedos.
Tienes la potencia de hacer lo que quieras,
dentro de un minuto,
de un día
o de un año.
Disfruta pues de este paso de la vida,
que aunque raro y amargo,
es único y breve
como el atardecer que nos acompaña.
Adiós joven, que guarde y aguarde tu alma tranquilo,
que ya te llegaran las faldas con mimo,
y no podrás perder el tiempo en tirarle piedras a las olas.
Aprovecha con calma los instantes,
que nunca volverán a ser tan raudas tus piernas
para huir de las desdichas.
Se giró el muchacho perplejo
y antes de darme la espalda,
me dio las gracias entre dientes,
y siguió su camino como siempre.
Aquí me quedo viendo el sol ponerse,
ya asoma por la esquina el compadre,
si quiere vino espero que esta vez lo pague.
Adiós a todos,
adiós a nadie.
me siento en mi silla de anea
a tomar el fresco cuando se quiere poner el sol
y veo pasar a la gente...
Un chiquillo pasa cabizbajo.
Pueblan su cara los granos
que campan por allí
amargando sinsabores
de las nocturnas poluciones.
Alarga el día y éso le entristece,
pues a estudiar nunca ayudó ver el sol ponerse
sino la noche cerrada,
al menos en su caso,
que es capaz de contemplar durante horas el astro
hasta el cerro de San Cristóbal,
ocultándose tras el Sagrado Corazón
y aún se queda un rato sientiendo el calor
en la madera de su mesa de estudio.
Su mayor pesar al llegar la prima-vera
era que a la suya no había nadie.
Nunca hasta hoy se había fijado
y le duele primorosamente
ver aquellas parejitas de la mano,
besos vedados en los portales
de los que la vista aparta rápido.
Hoy me ha asaltado el chiquillo,
y a falta de mi compadre,
me ha contado mochila al hombro
(y sin querer sentarse)
de esa melancolía que empieza con el buen tiempo,
y brota sin poder evitarlo una sonrisa en el borde de mi labio,
¿cómo puede estar melancólico un chaval de trece años?
pues lo estaba señores,
y mucho señoras,
y por culpa de las faldas,
o de haber reparado en su ausencia.
¿Qué puedo decirte, niño?
Que tus penas te las quiten los juegos,
y esa risa sincera parida desde el alma
que tienes con tus amigos,
que hoy sientes como parte de tus entrañas.
No pierdas tiempo viendo lo que otros tienen
sino el oro que yace entre tus dedos.
Tienes la potencia de hacer lo que quieras,
dentro de un minuto,
de un día
o de un año.
Disfruta pues de este paso de la vida,
que aunque raro y amargo,
es único y breve
como el atardecer que nos acompaña.
Adiós joven, que guarde y aguarde tu alma tranquilo,
que ya te llegaran las faldas con mimo,
y no podrás perder el tiempo en tirarle piedras a las olas.
Aprovecha con calma los instantes,
que nunca volverán a ser tan raudas tus piernas
para huir de las desdichas.
Se giró el muchacho perplejo
y antes de darme la espalda,
me dio las gracias entre dientes,
y siguió su camino como siempre.
Aquí me quedo viendo el sol ponerse,
ya asoma por la esquina el compadre,
si quiere vino espero que esta vez lo pague.
Adiós a todos,
adiós a nadie.
viernes, 27 de marzo de 2009
El hombrecito que se sentía caer
Hay por ahí un pequeño hombre de metro sesenta y poco que pese a su estatura no deja de cuidar su aspecto. Viste siempre, o al menos intenta, ir elegante para dar buena imagen compensando su pequeña desventaja física, aunque algunos como yo no veamos tan baja dicha estatura por conocerlo de años, él se siente más bajo que la media, y eso le condiciona.
En su día a día nuestro hombrecito trabajaba tanto como podía y bien. Como a todos había días en los que parecía que no iba a poder terminar de trabajar y el regreso a casa se le antojaba algo milagroso e inalcanzable.
Su casa era su fortaleza y en ella vivía su reina, una mujercita un poco más baja que él pero sin complejo alguno pues era bella como el mismo sol al atardecer.
Cierto día nuestro pequeño protagonista empezó a sentir una cosa rara: parecía que estaba cayendo sin estar moviéndose en absoluto. Al principio no se daba ni cuenta, pero prestando atención se percató de que esa sensación de vértigo inmóvil se repetía cada vez más y más.
Empezó a pensar que trabajaba demasiado, que no compensaba el esfuerzo de estar tantas horas en la calle, que la vida no era justa, que merecía algo más, que estaba entrando en un estado de estrés preocupante, que tenía que hacer algo para relajarse.
Intentó tomar menos café, fumar menos, beber un poco más siempre que la situación se lo permitiese, descansar aunque fuera un par de minutos cada dos o tres horas para relajarse, pero nada funcionaba. Cada vez que metro-sesenta-y-poco (obvio es que no diré su nombre) se quedaba quieto volvía a tener la sensación de caer al vacío más profundo.
No le contó nada a su reina para no preocuparla, pero ella lista como un lince, notaba que algo le pasaba a su marido y que éste no soltaba prenda:
"Siempre cuentas las cosas a toro pasado y sé que te está pasando algo, cuando quieras vienes y me lo explicas" dijo la hermosa reina.
"Cuando sepa lo que es" arguyó el hombrecito.
Al día siguiente, como siempre, nuestro hombre se emperifolló para ir a la calle bien guapete, no notara la gente que era un poco corto de estatura. Al ir a ponerse los calcetines cogió unos más gruesos pues había refrescado bastante. Echó a andar y se dirigió, como cada día, a su puesto de trabajo.
Era ya mediodía cuando se percató de que en toda la mañana no había vuelto a tener la sensación de caída que venía sufriendo desde hacía semanas.
Al principio no supo a qué atribuirla. Realmente había probado tantas cosas para tranquilizarse que alguna tenía que haber funcionado, o todas ellas juntas. Fuera lo que fuese con el transcurso del día nuestro protagonista de estatura media-baja se animó, trabajó arduo y llegó a casa feliz como al que han quitado un dolor de muelas. Su mujer esperaba que le contara que le pasaba y éste de feliz que estaba no paró hasta que consiguió besarla y hacerla suya para compartir ese momento de felicidad y olvidar aquellos días nefastos.
Pasó el tiempo y la sensación había desaparecido por completo.
Cierto día, nuestro protagonista volvió a sufrir su extraño ataque de vértigo inmóvil. Fue justo al salir de su casa por la mañana, recién arreglado. Se quedó paralizado en mitad del pasillo que conducía al ascensor pensando qué podía haber hecho en tan corto espacio de tiempo para sentir ya esa sensación que sin duda no podía ser si no del estado de febril estrés en el que se ve que vivía desde hacía tiempo y que le había hecho mella en sus carnes. Rondaba por su cabeza las preocupaciones que rondan por las de todos: familia, trabajos, hijos, dinero, salud, ...
Entró en el ascensor y se miró en el espejo. Dormía bien. Comía bien. Trabajaba honradamente. Amaba con locura a su familia. ¿Qué le estaba ocurriendo? Al bajar el ascensor volvió a sentir el vértigo y se quedó atónito al ver lo que le pasaba.
¡Ay! ¡pobre amigo mío!
Vino dando saltos de alegría a la taberna de mi compadre a contarnos a todos lo que le había estado pasando:
Se había comprado unos zapatos de última moda que le quedaban un poco grandes, pues lo escaso de su talla se hacía aún más patente en sus pies de los que raramente encontraba talla en comercios grandes o pequeños. El caso es que le gustaron tanto los zapatos que se los llevó aunque le quedaran holgueros. Como era tan presumido usaba unos calcetines de tela fina, algodón egipcio, que resbalaban con sus pies precipitándolos al final de sus zapatos.
La sensación de caída vertiginosa que tenía nuestro hombre no era sino por llevar zapatos grandes.
Allí mismo en la cantina con un par de servilletas le hice el remedio que nos hacían nuestras madres de meterle algo en la puntera para que el niño no volviera a caerse.
Todos los días me saluda cuando pasa por aquí delante, y si lleva puestos los zapatos los señala y se lleva los dedos índice y corazón a la boca besándolos en un "chapeau!" mudo que aún me hace reír.
Ojalá todos nos cayeramos un poco dentro de nuestros zapatos para poder ver que nuestra vida puede ser maravillosa, y ya lo es.
En su día a día nuestro hombrecito trabajaba tanto como podía y bien. Como a todos había días en los que parecía que no iba a poder terminar de trabajar y el regreso a casa se le antojaba algo milagroso e inalcanzable.
Su casa era su fortaleza y en ella vivía su reina, una mujercita un poco más baja que él pero sin complejo alguno pues era bella como el mismo sol al atardecer.
Cierto día nuestro pequeño protagonista empezó a sentir una cosa rara: parecía que estaba cayendo sin estar moviéndose en absoluto. Al principio no se daba ni cuenta, pero prestando atención se percató de que esa sensación de vértigo inmóvil se repetía cada vez más y más.
Empezó a pensar que trabajaba demasiado, que no compensaba el esfuerzo de estar tantas horas en la calle, que la vida no era justa, que merecía algo más, que estaba entrando en un estado de estrés preocupante, que tenía que hacer algo para relajarse.
Intentó tomar menos café, fumar menos, beber un poco más siempre que la situación se lo permitiese, descansar aunque fuera un par de minutos cada dos o tres horas para relajarse, pero nada funcionaba. Cada vez que metro-sesenta-y-poco (obvio es que no diré su nombre) se quedaba quieto volvía a tener la sensación de caer al vacío más profundo.
No le contó nada a su reina para no preocuparla, pero ella lista como un lince, notaba que algo le pasaba a su marido y que éste no soltaba prenda:
"Siempre cuentas las cosas a toro pasado y sé que te está pasando algo, cuando quieras vienes y me lo explicas" dijo la hermosa reina.
"Cuando sepa lo que es" arguyó el hombrecito.
Al día siguiente, como siempre, nuestro hombre se emperifolló para ir a la calle bien guapete, no notara la gente que era un poco corto de estatura. Al ir a ponerse los calcetines cogió unos más gruesos pues había refrescado bastante. Echó a andar y se dirigió, como cada día, a su puesto de trabajo.
Era ya mediodía cuando se percató de que en toda la mañana no había vuelto a tener la sensación de caída que venía sufriendo desde hacía semanas.
Al principio no supo a qué atribuirla. Realmente había probado tantas cosas para tranquilizarse que alguna tenía que haber funcionado, o todas ellas juntas. Fuera lo que fuese con el transcurso del día nuestro protagonista de estatura media-baja se animó, trabajó arduo y llegó a casa feliz como al que han quitado un dolor de muelas. Su mujer esperaba que le contara que le pasaba y éste de feliz que estaba no paró hasta que consiguió besarla y hacerla suya para compartir ese momento de felicidad y olvidar aquellos días nefastos.
Pasó el tiempo y la sensación había desaparecido por completo.
Cierto día, nuestro protagonista volvió a sufrir su extraño ataque de vértigo inmóvil. Fue justo al salir de su casa por la mañana, recién arreglado. Se quedó paralizado en mitad del pasillo que conducía al ascensor pensando qué podía haber hecho en tan corto espacio de tiempo para sentir ya esa sensación que sin duda no podía ser si no del estado de febril estrés en el que se ve que vivía desde hacía tiempo y que le había hecho mella en sus carnes. Rondaba por su cabeza las preocupaciones que rondan por las de todos: familia, trabajos, hijos, dinero, salud, ...
Entró en el ascensor y se miró en el espejo. Dormía bien. Comía bien. Trabajaba honradamente. Amaba con locura a su familia. ¿Qué le estaba ocurriendo? Al bajar el ascensor volvió a sentir el vértigo y se quedó atónito al ver lo que le pasaba.
¡Ay! ¡pobre amigo mío!
Vino dando saltos de alegría a la taberna de mi compadre a contarnos a todos lo que le había estado pasando:
Se había comprado unos zapatos de última moda que le quedaban un poco grandes, pues lo escaso de su talla se hacía aún más patente en sus pies de los que raramente encontraba talla en comercios grandes o pequeños. El caso es que le gustaron tanto los zapatos que se los llevó aunque le quedaran holgueros. Como era tan presumido usaba unos calcetines de tela fina, algodón egipcio, que resbalaban con sus pies precipitándolos al final de sus zapatos.
La sensación de caída vertiginosa que tenía nuestro hombre no era sino por llevar zapatos grandes.
Allí mismo en la cantina con un par de servilletas le hice el remedio que nos hacían nuestras madres de meterle algo en la puntera para que el niño no volviera a caerse.
Todos los días me saluda cuando pasa por aquí delante, y si lleva puestos los zapatos los señala y se lleva los dedos índice y corazón a la boca besándolos en un "chapeau!" mudo que aún me hace reír.
Ojalá todos nos cayeramos un poco dentro de nuestros zapatos para poder ver que nuestra vida puede ser maravillosa, y ya lo es.
jueves, 19 de febrero de 2009
Vergüenza
Se ve que va a ser cierto éso de que la edad todo lo cura, y que pasados los cuarenta, ya no da vergüenza nada: me voy a cazar sin licencia (pese a ser Excmo. Ministro), hago carrera política con mi cartera por bandera (y el Ayuntamiento de turno: Ohanes, Bobadilla...), y la lista es tan larga como triste así que me paro antes de que me lo pidan.
Yo creo que los políticos han absorbido una especie animal dentro suya. La teoría de Linn y Margulis asegura que hace muchos requetemillones de años una célula eucariota absorbió una bacteria mitocondrial que hoy es su fuente de energía y sin la que no podría existir una buena parte de su metabolismo ni de los organismos que se formaron a partir de esas eucariotas primigenias.
Pienso que el hombre y la mujer nacen con mucha vergüenza. No creo que fuera porque les pillaran mordiendo manzanas, pero creo que es en la edad infante cuando más se avergüenza uno de todo lo que hace mal.Quién no ha soñado aparecer desnudo en el colegio o que le faltara un zapato. Ante ese sueño nos poníamos colorados no por el calor de las sábanas sino por el sentimiento de vergüenza que daba esa situación. Cuando nos avergonzamos queremos aislarnos de los demás, pero incluso sólo completamente puede uno avergonzarse de actos pasados y sentir esa vergüenza como si lo estuviera repitiendo en ese mismo momento. Así somos algunos.
En cambio, hay personas que con el pasar de los años absorben algo del ambiente, del agua corriente, de las ondas armónicas y bióticas o de las interferencias del canal de radio preferido. Ese algo les hace perder ese rubor cuando les cogen en mentira, después les hace erguir el cuello pese a estar acusados de tropelías, por último les hace ganar dinero a saco y a costa de imbéciles que siguen pasando más de doce horas al día doblando el espinazo para no ganar en su vida lo que estos hijos de puta amasan en lo que se atreven a llamar "trayectoria" política.
Ay! Si fuera trayectoria por fuerza habría de ser un tiro oblicuo que les hiciera estamparse hasta quedar en la más absoluta soledad y repudio; si fuera política, ay! si algo de lo que hacen los políticos fuera política estaríamos en la antigua Grecia y habría un desgreñado sucio por ahí diciendo que sólo sabe que no sabe nada tan sólo por ver qué decían entonces los llamados sabios.
Sí, los políticos han vuelto a tirarse piedras a la cabeza y los periodistas a decir a quién le beneficia electoralmente asuntos viles que nunca quedaran resueltos pues la propia pillería se ha vuelto intrínseca como la mitocondria a la célula.
No hay nada más que decir.
A los que nos queda vergüenza nos la seguirán hacer sintiendo, nos seguirán aislando, nos seguirá apretando un nudo ficticio en el estómago cada vez que escuchemos, leamos o veamos algo vergonzante.
Ellos no. La vergüenza perdida jamás será recuperada, sobre todo porque no tienen intención de ir a buscarla.
Sólo un consejo y me voy a beber vino con mi compadre:
siga sintiendo vergüenza y sabrá usted que está cuerdo.
En cambio, si la perdió hace tiempo
¿qué hace sin subirse al carro de algún partido,
medio comunicativo...,
al menos hágase funcionario administrativo,
para administrar mejor su cuenta,
a cuenta de la vergüenza de los demás?
...
Un saludo cordial
Yo creo que los políticos han absorbido una especie animal dentro suya. La teoría de Linn y Margulis asegura que hace muchos requetemillones de años una célula eucariota absorbió una bacteria mitocondrial que hoy es su fuente de energía y sin la que no podría existir una buena parte de su metabolismo ni de los organismos que se formaron a partir de esas eucariotas primigenias.
Pienso que el hombre y la mujer nacen con mucha vergüenza. No creo que fuera porque les pillaran mordiendo manzanas, pero creo que es en la edad infante cuando más se avergüenza uno de todo lo que hace mal.Quién no ha soñado aparecer desnudo en el colegio o que le faltara un zapato. Ante ese sueño nos poníamos colorados no por el calor de las sábanas sino por el sentimiento de vergüenza que daba esa situación. Cuando nos avergonzamos queremos aislarnos de los demás, pero incluso sólo completamente puede uno avergonzarse de actos pasados y sentir esa vergüenza como si lo estuviera repitiendo en ese mismo momento. Así somos algunos.
En cambio, hay personas que con el pasar de los años absorben algo del ambiente, del agua corriente, de las ondas armónicas y bióticas o de las interferencias del canal de radio preferido. Ese algo les hace perder ese rubor cuando les cogen en mentira, después les hace erguir el cuello pese a estar acusados de tropelías, por último les hace ganar dinero a saco y a costa de imbéciles que siguen pasando más de doce horas al día doblando el espinazo para no ganar en su vida lo que estos hijos de puta amasan en lo que se atreven a llamar "trayectoria" política.
Ay! Si fuera trayectoria por fuerza habría de ser un tiro oblicuo que les hiciera estamparse hasta quedar en la más absoluta soledad y repudio; si fuera política, ay! si algo de lo que hacen los políticos fuera política estaríamos en la antigua Grecia y habría un desgreñado sucio por ahí diciendo que sólo sabe que no sabe nada tan sólo por ver qué decían entonces los llamados sabios.
Sí, los políticos han vuelto a tirarse piedras a la cabeza y los periodistas a decir a quién le beneficia electoralmente asuntos viles que nunca quedaran resueltos pues la propia pillería se ha vuelto intrínseca como la mitocondria a la célula.
No hay nada más que decir.
A los que nos queda vergüenza nos la seguirán hacer sintiendo, nos seguirán aislando, nos seguirá apretando un nudo ficticio en el estómago cada vez que escuchemos, leamos o veamos algo vergonzante.
Ellos no. La vergüenza perdida jamás será recuperada, sobre todo porque no tienen intención de ir a buscarla.
Sólo un consejo y me voy a beber vino con mi compadre:
siga sintiendo vergüenza y sabrá usted que está cuerdo.
En cambio, si la perdió hace tiempo
¿qué hace sin subirse al carro de algún partido,
medio comunicativo...,
al menos hágase funcionario administrativo,
para administrar mejor su cuenta,
a cuenta de la vergüenza de los demás?
...
Un saludo cordial
sábado, 24 de enero de 2009
Yo entiendo a Nebreda
Desde mi corazón andaluz,
hoy me tengo que levantar para darle ánimos a Montse, que se ha peleado con Maleni, a cuentas de un acento de chiste.
Lo primero decirle a Nebreda, de todo corazón, que si acento hay que me haga reír y me recuerde a chistes es el del buen catalán por ese genio de Eugenio y su "saben aquel que diu"
Salvada la parte del chiste yo entiendo a Montse, pero chica, tienes que entender tu a Dª Magdalena. A Maleni le pasa, como a muchos de los andaluces, que cuando nos juntamos, nos empieza a cambiar el tono, el timbre y todas las cualidades de la voz, surgiendo entre nosotros ese precioso dialecto nuestro, que no será lengua como la castellana, y yo creo que de ahí viene tu confusión, querida Montse.
A Maleni le da vergüenza hablar andaluz, esa es la gran verdad en todo ésto, y de éso te has dado cuenta perfectamente tú, como mucha más gente. Por ese lento y pesado discurso en el que va casi sílaba por sílaba para eliminar rastros del andaluz cerrado que tiene la malagueña e intenta pegarle rasgos centrales como eses y cés que no le quedan muy bien. Es decir, que estoy contigo al cien por cien. Maleni habla raro, de chiste, pero de chiste malo.
Fuera yo la ministra, aparte de pegarme un calamón, para sufrir al menos algo por todo lo que pasa en España y no tengo ninguna culpa. Aparte de estos menesteres en los que habría de derruir medio Congreso de los Diputados, yo además, empezaría a hablar tal y como hablo en mi casa, sin intentar ocultar nada. Al principio a la gente le costaría pero al tiempo estarían todos muy acostumbrados al acento dialéctico de la señora.
Pero como es cobarde hasta para ésto, se inventó esa manera lenta y pastosa de hablar, que suena a chiste malo, Montse, qué razon tienes, qué razón tienes.
hoy me tengo que levantar para darle ánimos a Montse, que se ha peleado con Maleni, a cuentas de un acento de chiste.
Lo primero decirle a Nebreda, de todo corazón, que si acento hay que me haga reír y me recuerde a chistes es el del buen catalán por ese genio de Eugenio y su "saben aquel que diu"
Salvada la parte del chiste yo entiendo a Montse, pero chica, tienes que entender tu a Dª Magdalena. A Maleni le pasa, como a muchos de los andaluces, que cuando nos juntamos, nos empieza a cambiar el tono, el timbre y todas las cualidades de la voz, surgiendo entre nosotros ese precioso dialecto nuestro, que no será lengua como la castellana, y yo creo que de ahí viene tu confusión, querida Montse.
A Maleni le da vergüenza hablar andaluz, esa es la gran verdad en todo ésto, y de éso te has dado cuenta perfectamente tú, como mucha más gente. Por ese lento y pesado discurso en el que va casi sílaba por sílaba para eliminar rastros del andaluz cerrado que tiene la malagueña e intenta pegarle rasgos centrales como eses y cés que no le quedan muy bien. Es decir, que estoy contigo al cien por cien. Maleni habla raro, de chiste, pero de chiste malo.
Fuera yo la ministra, aparte de pegarme un calamón, para sufrir al menos algo por todo lo que pasa en España y no tengo ninguna culpa. Aparte de estos menesteres en los que habría de derruir medio Congreso de los Diputados, yo además, empezaría a hablar tal y como hablo en mi casa, sin intentar ocultar nada. Al principio a la gente le costaría pero al tiempo estarían todos muy acostumbrados al acento dialéctico de la señora.
Pero como es cobarde hasta para ésto, se inventó esa manera lenta y pastosa de hablar, que suena a chiste malo, Montse, qué razon tienes, qué razón tienes.
viernes, 23 de enero de 2009
Antihéroes contra la crisis
Ha llegado un señor negro,
que todo viene a solucionar,
pues guarda en su cabeza,
lo que a todos nos calmará.
Dará a los ricos dinero,
a los pobres no les pedirá,
y dejara que los más ricos repartan,
lo que sobre entre su gente a jornal.
Que falta trabajo,
que no se puede consentir que esta gente,
que con el presidente hablan de tú a tú,
se bajen su sueldazos millonarios,
si no que cobren,
porque mantienen bajo su yugo
a mucha gente trabajando
peleando contra gigantes orientales
que les dan sopas con hondas,
aunque más con toyotas.
A este señor mulato ya todos quieren imitarlo
pues él sí que sabe hacerlo todo,
menos repetir lo que se le diga en voz alta,
ay! mal designio de que empieces ya con la lengua trabada,
al menos no estará enrollada,
como la de tu predecesor de partido
entre las faldas de la otra,
por cierto, ¿donde andará Lewinsky?
lejos imagino, de las alfombras ovales
en las que posó sus rodillas,
haciéndonos felices a todos,
que descubrimos al fin,
que ni al "presi " de los USA
le amarga una chupadilla.
Como siempre me voy de lo que vengo,
la perola está con la presión alta
y me salen por doquier historias,
que no tienen que ver con la que he venido a mentaros.
Venía yo a contar precisamente,
que lo que me llamó la atención del discurso,
su falta de originalidad.
Qué bueno sería un político que se asomara al absurdo
y gritara desde su atril:
"!pintemos el cielo de verde!"
sólo por ver que cara se le queda al mundo.
Barack vino a contarnos
una vez más,
que cuando pintan bastos
mejor nos ponemos cada uno
a cocernos nuestras propias habichuelas,
que como nos quedemos esperando
a que vengan en un saco con el sello estatal
vamos a pasar más hambre que el perro del afilador.
Hay que levantarse cada día,
hay que actuar ante la crueldad,
el mundo en el que pasábamos
y nos quedábamos callados
se ha derrumbado.
Flotamos en el lodo de la desidia de un siglo XX
en el que no hemos hecho nada
por nuestro hermano, vecino, afligido u oprimido,
sino mejorar siempre lo nuestro pensando que así
mejoraríamos al pobre que nos ve tras el cristal.
Éso es lo que ha terminado.
Los héroes,
aquellos que salvaban ciudades enteras,
han muerto sepultados por la caída del dow jones,
nasdaq, ibex, las hipotecas subprime...
Me acordé entonces, esta misma semana, y en otras ya pasadas, han ocurrido dos hechos heroicos, que han caído en saco roto por lo poco que se han resaltado.
El primero el del Jesús Neira, famoso por su profundo coma del que gracias a Dios y a la Seguridad Social ha salido para trabajar en pro de los derechos de la mujer. Los primeros derechos que ejerciera yo en su puesto sería el de denunciar y reclamar judicialmente hasta el último céntimo que las hienas del agresor han recabado en la última caída al pozo de la insensatez de telecinco. Habría de dárselo todo a él o dejarle a cambio que les pegue una paliza y los deje en coma para que esta cadena (que parece más del inodoro que de televisión) pueda dar la réplica a los familiares de éste cuando lo encerraran por su venganza.
Wilson Rivera salió en defensa de una mujer que fue salvada por éste. La acción propia se ha ganado o tienen buena culpa de que lata el corazón de la agredida, que no tiene otra que taparse las heridas cuando va al juzgado no le vayan a infectar los micrófonos que le quieren meter hasta debajo del sobaco.
Así pues si no me fallan las cuentas ya son dos los antihéroes que están dando al mundo la vuelta.
Surgen los antihéroes para actuar donde siempre debimos, para apartar al que alza la mano, aunque le cueste la salud y la vida.
Que USA se quede su Obama,
que Zapatero se quede a su Hussein,
que yo me quedo con Rivera y Neira,
Wilson y Jesús
antihéroes de la sociedad,
primeros verdaderos ciudadanos del siglo XXI.
que todo viene a solucionar,
pues guarda en su cabeza,
lo que a todos nos calmará.
Dará a los ricos dinero,
a los pobres no les pedirá,
y dejara que los más ricos repartan,
lo que sobre entre su gente a jornal.
Que falta trabajo,
que no se puede consentir que esta gente,
que con el presidente hablan de tú a tú,
se bajen su sueldazos millonarios,
si no que cobren,
porque mantienen bajo su yugo
a mucha gente trabajando
peleando contra gigantes orientales
que les dan sopas con hondas,
aunque más con toyotas.
A este señor mulato ya todos quieren imitarlo
pues él sí que sabe hacerlo todo,
menos repetir lo que se le diga en voz alta,
ay! mal designio de que empieces ya con la lengua trabada,
al menos no estará enrollada,
como la de tu predecesor de partido
entre las faldas de la otra,
por cierto, ¿donde andará Lewinsky?
lejos imagino, de las alfombras ovales
en las que posó sus rodillas,
haciéndonos felices a todos,
que descubrimos al fin,
que ni al "presi " de los USA
le amarga una chupadilla.
Como siempre me voy de lo que vengo,
la perola está con la presión alta
y me salen por doquier historias,
que no tienen que ver con la que he venido a mentaros.
Venía yo a contar precisamente,
que lo que me llamó la atención del discurso,
su falta de originalidad.
Qué bueno sería un político que se asomara al absurdo
y gritara desde su atril:
"!pintemos el cielo de verde!"
sólo por ver que cara se le queda al mundo.
Barack vino a contarnos
una vez más,
que cuando pintan bastos
mejor nos ponemos cada uno
a cocernos nuestras propias habichuelas,
que como nos quedemos esperando
a que vengan en un saco con el sello estatal
vamos a pasar más hambre que el perro del afilador.
Hay que levantarse cada día,
hay que actuar ante la crueldad,
el mundo en el que pasábamos
y nos quedábamos callados
se ha derrumbado.
Flotamos en el lodo de la desidia de un siglo XX
en el que no hemos hecho nada
por nuestro hermano, vecino, afligido u oprimido,
sino mejorar siempre lo nuestro pensando que así
mejoraríamos al pobre que nos ve tras el cristal.
Éso es lo que ha terminado.
Los héroes,
aquellos que salvaban ciudades enteras,
han muerto sepultados por la caída del dow jones,
nasdaq, ibex, las hipotecas subprime...
Me acordé entonces, esta misma semana, y en otras ya pasadas, han ocurrido dos hechos heroicos, que han caído en saco roto por lo poco que se han resaltado.
El primero el del Jesús Neira, famoso por su profundo coma del que gracias a Dios y a la Seguridad Social ha salido para trabajar en pro de los derechos de la mujer. Los primeros derechos que ejerciera yo en su puesto sería el de denunciar y reclamar judicialmente hasta el último céntimo que las hienas del agresor han recabado en la última caída al pozo de la insensatez de telecinco. Habría de dárselo todo a él o dejarle a cambio que les pegue una paliza y los deje en coma para que esta cadena (que parece más del inodoro que de televisión) pueda dar la réplica a los familiares de éste cuando lo encerraran por su venganza.
Wilson Rivera salió en defensa de una mujer que fue salvada por éste. La acción propia se ha ganado o tienen buena culpa de que lata el corazón de la agredida, que no tiene otra que taparse las heridas cuando va al juzgado no le vayan a infectar los micrófonos que le quieren meter hasta debajo del sobaco.
Así pues si no me fallan las cuentas ya son dos los antihéroes que están dando al mundo la vuelta.
Surgen los antihéroes para actuar donde siempre debimos, para apartar al que alza la mano, aunque le cueste la salud y la vida.
Que USA se quede su Obama,
que Zapatero se quede a su Hussein,
que yo me quedo con Rivera y Neira,
Wilson y Jesús
antihéroes de la sociedad,
primeros verdaderos ciudadanos del siglo XXI.
domingo, 28 de diciembre de 2008
Deseos para el Año Nuevo
Acercaos todos,
gente del buen comer
gente del mal beber,
hambrientos por prenda
en la que el tipo encajar,
abstemios por conducción,
que otro remedio sería fatal.
Que la Navidad es vuestro campo,
no lo vamos a negar,
Paco Paila y su compadre,
os la quieren rellenar,
cual culo de pavo bien lavao,
de buenos deseos
gente del buen comer
gente del mal beber,
hambrientos por prenda
en la que el tipo encajar,
abstemios por conducción,
que otro remedio sería fatal.
Que la Navidad es vuestro campo,
no lo vamos a negar,
Paco Paila y su compadre,
os la quieren rellenar,
cual culo de pavo bien lavao,
de buenos deseos
Con remite y acusao
Gracias compadre,
comencemos ya:
"A todos los que...
Discutieron con su familia
dejen de mortificarse ya
"A todos los que...
Malgastaron sus dineros
comiencen este año a ahorrar
"A todos los que...
Tomaron partido por todos
examinen por quién lo tomaron mal
"A todos los que...
Insultaron, injuriaron y faltaron
que os den por culo con una caña rajá
(que en mi falta está vuestra penitencia)
"A todos los que...
Amaron desde el alba
Duerman hasta el mediodía ya
"A todos los que...
Tuvieron hijos
nada hay que les pueda más alegrar
"A todos los que...
Salen siempre de noche,
despierten al bello amanecer.
"A todos los que...
intentan cada día ser felices
sepan que querer es casi tener
"A todos los que...
trabajan la tierra con las manos
enseñen que así es como se debería
ganar cielo y pan
"A todos los que...
son burócratas de culo en sillón acolchado
y enorme despacho enmoquetado
que las almorranas os estallen
y os dejen sentar 10 horas en paz
"A todos los que...
quieren acabar con la poesía
con esta han terminado ya.
Feliz Año MMIX
("feliz año... ¿eme-eme-i-equis?")
Que no sea tan malo como lo pintan,
Aunque lo que huele a mierda...
...nada bueno suele ser.
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